MANTECADAS

La creación de la receta de la mantecada se le asigna al repostero español Juan de la Mata (Matalavilla- León Siglo XVII), autor del libro “Arte de Repostería”, editado en Madrid en 1847.

Esta receta, según los investigadores de historia gastronómica, quedó olvidada hasta principios del siglo XIX, cuando una monja del convento Sancti Spiritus de Astorga (León) la desempolvó, la aplicó y logró incorporarla a las comidas habituales. La receta se mantuvo en el convento por muchos años, hasta que fue comercializada en 1850 por el señor Tomás Rubio, a partir de una receta “secreta” que le dio su madre, quien la obtuvo de las monjas. Esta forma de preparación es la misma de hace más de doscientos años, y la que le dio fama a la Provincia de León por tener las exclusivas y apreciadas “mantecadas de Astorga”.

La llegada a América de este apreciado producto de pastelería no está registrada, pero la manera de prepararla es la misma de los leoneses, salvo por la incorporación de una aroma anisada.

“De viandas, sancochos y amasijos” y la mantecada se elabora con huevos, azúcar, harina y mantequilla. Como ya se anotó, se vierte a la masa una copita de aguardiente. Lácides Moreno (Recetas de la Abuela. Planeta, 1998) publicó una receta de “mantecado”, que es elaborado con harina de maíz, como si fuera un enlace con otro producto no menos apreciado, como lo es el “pan de maíz”. El pan de maíz fue inicialmente elaborado por los aztecas y los mayas en México y luego se extendió a Mesoamérica y al sur de los Estados Unidos.

Este pan se extendió hasta el norte donde se hornea con muchas clases de sabores como los de cebolla o cebolleta picada, otros tipos de maíz como el dulce; además, se le agrega mantequilla, cremas de leche, azúcar, miel, etc.




Karla Jannet Martínez López.

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